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Yogures con probióticos

Yogures con probióticos


Desde hace muchos siglos el hombre ha utilizado los derivados de la leche para su alimentación, así cuando la leche es fermentada por hongos tenemos queso, cuando se utiliza el “cuajo” (renina, del estómago de ternera) tenemos la cuajada, y cuando son bacterias lácticas (lactobacillus y bifidobacterias) tenemos el yogur.


El yogur resulta especialmente beneficioso para nuestro organismo porque las bacterias que contiene al ser ingeridas no mueren en su paso por el estómago, sino que sobreviven y colonizan el intestino, pasando a formar parte de la “flora microbiana” que allí se desarrolla. A esta flora se les denomina alimentos probióticos, y se definen como “aquellos microorganismos vivos que se ingieren como suplemento alimenticio y que tienen efectos positivos para los consumidores al actuar sobre la flora bacteriana del intestino.”


Y es que nuestro aparato digestivo está poblado por una extensa y compleja población de microorganismos (más de 400 distintos), aunque sólo unas 35 especies ocupan el 99% del espacio. Estos pequeños habitantes de nuestro organismo no son parásitos, sino SIMBIONTES, es decir, utilizan los alimentos que encuentran en nuestro intestino para alimentarse y a cambio nos proporcionan unos interesantísimos beneficios:


1.    Eliminan los microorganismos dañinos, ya que al ocupar físicamente la mucosa gastrointestinal no permiten que se asienten los que producen enfermedades. La flora láctica es capaz de llegar hasta un recuento de 100.000.000 de microorganismos por gramo de producto, lo que limita enormemente la presencia de cualquier otro microorganismo que, sin alimento ni espacio, se ve abocado a desaparecer. Incluso para patógenos tan agresivos como Salmonella: siempre que el número de bacterias lácticas supere al patógeno en una unidad logarítmica (10 veces más), este último deja de ser viable y desaparece. Un ejemplo de esto es el Lactobacillus acidophilus que ayuda en el metabolismo de la vitamina B1 al suprimir el crecimiento de las bacterias que compiten por ella.


2.    Producen compuestos beneficiosos e imprescindibles para nuestro organismo como la vitamina K 2 (fitomenadiona) que es vital tanto para el proceso de coagulación como para la fabricación de los glóbulos rojos de la sangre. En caso de carencia de la misma se producen hemorragias internas que provocan la muerte. A los recién nacidos se les suministra una inyección de esta vitamina puesto que su intestino aun no está colonizado por una flora intestinal completa.


3.    Estimulan el sistema inmunológico de nuestro cuerpo contra las infecciones, lo que contribuye a mantener un buen estado de salud; al multiplicarse y mantenerse en el interior de nuestro intestino, actúan como protectores de nuestra mucosa intestinal, facilitan el funcionamiento de este tramo del tubo digestivo, con la consiguiente mejora en la absorción de los nutrientes de los alimentos.


4.    Participan en la destrucción de compuestos tóxicos y en la eliminación de sustancias potencialmente cancerígenas. Metabolizan sustancias de desecho y las eliminan al tubo digestivo en una forma menos dañina.


La flora microbiana normal se mantiene en un delicado equilibrio que puede variar según los distintos individuos y poblaciones, debido a las particularidades de cada persona y sus hábitos o costumbres alimentarias.


Los microorganismos que constituyen esta flora tienen una gran influencia en muchas características fisiológicas, inmunológicas y bioquímicas de nuestro organismo. De hecho, dependemos tanto de estos diminutos habitantes de nuestro intestino, que sin ellos moriríamos al no poder conseguir sustancias esenciales que no podemos fabricar por nosotros mismos (vitamina K).


Es por ello que tras una enfermedad en la que hemos sufrido diarrea, nuestras colonias de microorganismos están mermadas y es conveniente reforzarlas ingiriendo yogures. Está demostrado que el periodo de recuperación tras una convalecencia con diarrea es más corto si ingerimos yogures que si no los tomamos. Nuestras colonias internas pueden repoblarse por ellas mismas, pero tardan algunos días más.


Pero estos simbiontes pueden dar problemas si se asientan en sitios distintos a los que les corresponden, causando infecciones. Podemos citar, por ejemplo, que las bacterias inofensivas para el intestino pueden originar cistitis cuando llegan a introducirse en el aparato urinario, e incluso pueden seguir su invasión pasando por los uréteres y llegar hasta los riñones. En esos casos, hay que eliminarlas de los sitios en los que son dañinas, empleando si es necesario (y siempre bajo prescripción médica) un antibiótico.


Los yogures y leches fermentadas han alcanzado gran popularidad dado el conocimiento por parte de los consumidores de la relación entre alimentación y salud. Sin embargo no tienen nada de milagroso. Su consumo es beneficioso para nuestro organismo pero sin una alimentación equilibrada tampoco se logran los efectos deseados, al fin y al cabo estos microorganismos se alimentan de lo que ingerimos y es entonces cuando actúan. El único secreto de una vejez saludable es comer de todo sin excesos, y cuidarnos por dentro y por fuera.


Vía | spainfitness.com

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